Miguel Starlight

Era pronto para comerse una pulguita de atún o de brie. El local todavía estaba vacío de clientes y olía a cafetera. Las mesas sujetaban el peso de las sillas volcadas. Una mujer fregaba sin oficio la tarima junto a los baños mientras dos camareros latinos con camisetas corporativas charlaban de sus cosas. Se miraban mientras asentían con tal comprensión que ambos parecían una sola persona. Puse la oreja y reconocí la conversación de siempre. La misma de todos los sitios pero versionada. Un compartir de preocupaciones que terminaba por ser un desahogo tan poco práctico como necesario.

- ¿Desea algo?
- Sí, un café con leche. ¿Está la dueña?
- Sí... ¿Es usted...?
- Sí, Miguel Starlight, periodista.
- Espere un momentito. Está dentro. Le llamo. ¿No desea unos churros? Todavía están calientes.
-  No gracias, estoy cuidándome.

A pesar de mi profesión las cosas de los demás siempre me parecían demasiado ajenas. Y me refiero a que me sonaban ajenas mucho más allá de la obviedad. Odiaba cubrir las manifestaciones de aquellos días. Estar obligado a analizar el vínculo de unión de gente perdida que nadie buscaría jamás. Para mí la verdad era más fácil de ver en el salón de mi casa que en el abrazo del colegueo. Del reconocimiento de que uno era todos a la vez como en el escondite inglés. En aquellos días la desgracia era lo único que se socializaba. Me asqueaba esa sátira de sacrificados y dioses corruptos. No consideraba la  agitación una salida de emergencia a lo que había sido una década, dos quizá, de embrutecimiento global y de miedo a reconocerse inferior, poco agraciado por la vida o simplemente pobre. Para muchos que habían intentado cerrar el día anterior este local, - "Puta cierra" "Ojalá te quedes sin trabajo puta"-, existían razones para temer algo que ni siquiera se habían planteado. El hecho que independientemente de las circunstancias. De que mañana fuera por fin hoy o no. La sociedad nada podría ofrecerles jamás. 

- Buenos días. Como le comenté por teléfono sólo serán unas preguntas.
- Muchas gracias por venir Señor Starlight.
- Empecemos María. ¿Sintió miedo cuando aquella turba se acercó para cerrar su local? ¿Por qué decidió no cerrar esperando que la manifestación pasara de largo?
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