ADLER "FUTURO". 2ª PARTE.

Dedicado a mi mimosa musa.

Adler se reclinó sobre el sofá de cuero ocultando su expectación con cierta teatralidad y desdén en el pose. Se lo podía permitir. Y no porque fuera Adler "Futuro" el único hombre sin miedo 100 Km a la redonda. Sino porque todo el mundo en aquel gueto recordaba que antes de ser quien era, se ganaba la vida por las noches como actor cómico en teatros de calle. De hecho, pocos le reconocían como un asesino, al menos en público. Y ese simple hecho le turbaba. El lo achacaba más que al miedo, al deseo desesperado de aquella chusma de humanizarle. De despojarle de su deidad. De achacar su "misión" en aquel agujero dejado de la mano de Dios, al capricho de un hombre sin talento para ser actor pero sí para ser asesino. 

Encendió un puro y asentó mecánicamente sus gafas sobre el puente de su nariz. Entonces pulsó el botón rojo de su escritorio de nogal y sus ojos a modo de paracaídas se posaron en el pomo de la puerta. De forma estúpida aceptaba el trueque que el destino le ofrecía. Estaba claro que jamás Frieda le querría como él tanto hubiera necesitado, pero, verla prostituirse le reconfortaría. Sería la quinina que le protegería de enfermar en próximas batallas. Sentir su falso afecto como último recurso de obtener su  piedad. Su mentira desnuda de verdad. Esa debilidad palpitante siempre propia de la desesperación, sería reconfortante sin duda. 

A pesar de haber matado a muchos hombres consideraba que aquel acto que estaba a punto de cometer sólo  Dios lo entendería. Y por si no era así a primera instancia había recreado para sí miles de veces un discurso que le justificaría ante sus ojos y que a su pesar probablemente nunca entonaría. Empezaba así como: "Lo siento Frieda" "Hay batallas interiores jamás declaradas e incluso infiernos vividos justo antes de dormir peores que cualquier pesadilla". 

No obstante, a pesar de no haber dejado aparentemente ningún cabo suelto para la duda moral, como hombre inteligente que era, sabía que la guerra con aquella mujer o mejor dicho, contra sus frustraciones y anhelos la había perdido. Que dentro de un mes preguntaría sobre la suerte de Frieda Kilmash a algún oficial y que su silencio respondería por él. Y que tras su silencio el dolor respondería por él. Y el dolor ya no sería dolor a secas sino sería su dolor. Frieda moriría junto a su familia dentro de un mes y él se mentiría disfrazando su muerte de la necesidad imprecisa de las grandes causas. De lo que él llamaba la irracionalidad de los héroes. Cuando en realidad aquello era una venganza. Irracional sí, pero necesaria también. 

Frieda atravesó el quicio agradeciendo la cortesía del SS que le había abierto la puerta. Se quedó quieta, con las piernas juntas, sujetando su bolso con las dos manos a la altura de su tripa. 

- Señorita Kilmash por favor, no se quede allí. Siéntese por favor.

Sus tacones midieron la distancia entre la puerta y una humilde silla de colegio que se peleaba con el lujo generalizado del despacho. 

- Adler seré clara, - levantó su vista -. Creo que los dos sabemos qué quiero de ti. Quiero vivir Adler. Quiero que sepas que todo este infierno que diriges no me hace pensar en la muerte como solución a mi sufrimiento. Quiero que por un momento te reencuentres con quién fuiste y sientas algún afecto por gente que como mi familia formó parte de tu entorno. Eso es lo que quiero Adler.

Adler continuó callado para acto seguido reposar con desesperación su nuca sobre el apoyacabezas de su sillón. Como implorando a Dios ser iluminado para resolver el problema moral que Frieda le planteaba.

- Déjame que lo piense. Dame una semana. Ahora puedes irte. ¡Soldado!

Frieda se fue del despacho esperanzada. Haría pastel de patatas para sus padres. Adler se quedó sentado en el sofá fumando, con la satisfacción de poder alargar el sufrimiento de Frieda una semana más.


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