El piso.

- ¿Qué recuerdas de aquellos días?
- Casi nada. Sólo gente con mochilas que entraba y salía del apartamento. El portero, un viejo muy parecido Ian McKellen, golpeando nuestro suelo desde el piso de abajo sin parar con una fregona. Esa maldita música de los Chemical Brothers estaba siempre demasiado alta como para escapar de ella. Ah, y muchas mujeres. Asomadas al balcón. Sentadas sin decir nada viendo la tele. Ordenando mis botellas de White Label. Regando las plantas. Dándome consejos mientras me sujetaban las manos. Mujeres que no intuían en mí nada de lo que no pudieran intuir en cualquier otro.
- ¿Y entonces por qué te hace tanto daño pensar en ello?
- Supongo que duele menos ser un perro que fingir no serlo.
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