Diario de un Sábado Maldito. Ùltima Parte



Sábado 18/09/2010. 22:40 p.m.

El aire frío revuelve con furia mi camisa, mi pantalón, como la cinta  de una gimnasta. Soy una jodida bola de pinball subida a una Vespa PX sorteando los coches atascados de la Castellana. La velocidad me ayuda a correr más que mi miedo. No puedo liberarme aún de los ojos rojos de aquellas dos bestias. Y lo peor, pensar en cada escena sucedida en la peluquería sólo sirve para presentarme a mí mismo como un demente.  

Acelero nada más pasar los radars. Las curvas de Mary se acumulan en mi espalda cada vez que la moto vira de izquierda a derecha. En apenas 15 minutos hemos llegado a la plaza Bilbao. Cogemos Velarde. En la puerta de La Vía hay varios mods que aparcan ya sus Vespas. Visten polos Fred Perry. Me retan a distancia y sin excusa con su cuerpo de superhéroe en paro. Sujetan fuerte a sus novias dudando de las segundas oportunidades. Nos acercamos lentamente empujando la moto con los pies. Barullo. La puerta del local se abre y se cierra dejando escapar cargazón y el riff de All along the Watchover. No sé, pero algo empieza a moverse en mi interior. Los porteros intentan poner orden. La gente se agolpa cada vez más cerca de la puerta. Son en su mayoría cuarentones. Supervivientes de la movida. Gente que entonces cambiaban lentillas blandas por gramos de cocaína; y que hoy eran flashbacks de lagunas mentales. Suvenires enfundados en camisetas decoloradas de Montley Crue o The Cure. Muchos, actores de reparto de escenas nunca rodadas. Músicos de otros músicos. Artistas de una sola obra. Antiguas groopies con las espaldas jóvenes y los pechos ajados. Aparco la moto y Mary echa a correr.

-  Paso por la puerta VIP. ¡Te espero dentro! Estos deben de estar ya en el piso de arriba. 

Con complejo de taxista después de 15 minutos de cola saludo al de la puerta y entro. No se puede dar un paso en la dirección elegida. Soy consciente que jamás encontraré a Mary en lo que resta de noche. Atascado detrás del culo de una rubia, finjo hacer tiempo mirando las imágenes futuristas de Nacho Algora que decoran la barra. Me pido una San Miguel Negra. No hay Heineken, - me dice el camarero. Los miles de posters de conciertos dan al bar un aire de recortable a medida. De collage de vidas cruzadas. 

En donde debería haber el billar. Debajo de la sideral Capilla Sixtina esta noche hay un escenario sobre el cual un guitarrista hace pruebas de sonido. El grupo Arizona Baby va a versionar a Jimi Hendrix.

-         Ey, hermano, ¿te acuerdas de mí?
-         Joder G, ¿qué haces aquí?
-         Ya sabes, yo estoy donde está Dios. He venido con dos amigas pero me han salido borrachas. Están con un carapasta pintor ahí en la esquina. ¿Las ves?
-         Me podían haber matado, ¿lo sabes no?
-         Sí, lo sé. Esas chinas no se andan con bobadas...
-         Te buscaban.
-         Ya todas quieren un autógrafo…

Las luces del escenario se encolerizan de un rosa intenso y los primeros notas de Vodoo Child se retuercen. Pego un trago al botellín como queriendo preparar mi cuerpo. Tres hombres salidos del desierto empiezan a tocar millones de notas. Las serpientes del pelo de Hendrix empiezan a explorar las paredes. Los techos. Entre los sillones de cuero. Alrededor de mi cuello. Una se convierte en el pitillo que cuelga de mi boca. Temo perder la paciencia. Sólo quiero una mentira para encontrar una excusa que encaje esas notas en mi vida.

Dos tíos muy pasados miran y aplauden en dirección opuesta al escenario. Cuando acaba la canción tiro el pitillo, aplaudo y miro alrededor. Una niña con unas orejas de conejo grandísimas me mira a unos dos metros. Me suena su cara.

-         Hola.
-         Hola Alicia. ¿De dónde vienes? ¿Qué haces con esas orejas?
-         De una despedida de soltera. Me he ido al baño un momento. He salido. Y todos se habían ido. He decidido quedarme a ver a estos tíos.
-         ¿Estás sola?
-         Ya no. Estoy contigo.
-         Este es mi hermano G.

 Sus ojos brillan. Nos dice que le ha dejado su novio. “Necesitaba salir de mi cuarto” “Pero no quiero escapar de alguien que me ha dejado” Se traga los cigarrillos. No le pega fumar así. Es como si se hubiera perdido en el bosque. Se mueve de forma ajetreada. Con la inercia de la velocidad de lo que podría haber pasado y no pasará. Absurdo, pero disimula estar bien como un boxeador a punto de ser noqueado. Mientras nos relata su historia pienso en discusiones. En vasos aterrizando en paredes. Aviones de papel cayendo. Almohadas manchadas de vino. El blues de Hendrix habla más de su historia que ella misma. Es la historia más triste jamás contada por la chica más guapa jamás encontrada.

-         Ey, ¿te ha apetecido tocar en una banda de rock? 
-   ¿Y esa pregunta? Pues... No lo sé. Canto mal. Pero supongo que sí. Que más de una vez de niña mi madre me pilló imitando a Madonna. Con la escoba haciendo de micro. Ya sabes… “Like a Virgin….” ¿Lo hemos hecho todos no?
-         Supongo que en el escenario es en el único sitio donde nadie nos podría hacer daño. ¿Qué te parece si subiéramos a ese escenario y tocáramos?
-         Vosotros no tenéis pinta de músicos.
-         A veces un gusano se puede transformar en mariposa. Vamos… te estamos ofreciendo cantar a nuestro lado…
-         Oye, no, no, no quiero hacer el ridículo.
-         Enciende esa vela aromática que hay sobre la mesa y míranos con atención. No parpadees.

Se rasga su vestido. Saca el pintalabios rojo de su bolso. Nos sonríe y nos mata.

-         ¡Joder! ¿Sois quién creo que sois?
-         Sí. Somos quién piensas y nos gusta preñar a peluqueras asesinas-, contesto guiñando al mismísimo diablo. ¿A que sí hermanito?

Lo demás ya es historia. Subimos los escalones para acceder al escenario y un foco cenital nos apuntó. Un tío nos presentó como en el programa the Ed Sullivan y la gente gritó como loca.

Tocamos hasta desplumar la noche. Nadie se atrevió a hacernos daño.  Sólo recuerdo que una niña me gritó:

-         Ey, dime que un día compartirás conmigo uno de tus sábados malditos.

  

Jimi Hendrix by Rob The Knob
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3 Comentarios Misteriosos:

  1. Milenia dijo...:

    Increíble. Me han encantado las metáforas, es cierto que se te dan genial. Voy a ver si me lo leo entero otra vez para saborearlo. Mi enhorabuena, compi.

  1. Wendy dijo...:

    Cramba vaya final, es denso así que no apto para una lectura acelerada.
    Ha sido un final muy movido cargado de mitos y de gente, he sentido el ambiente de los noctámbulos y la mágia de Hendrix.
    me hubiese gustado estar alli para veros tocar :)
    Genial.
    Un beso.

  1. Paula María dijo...:

    Me mantuviste enganchada hasta el final! Qué pasó con la pasajera de la Vespa? O me la perdí en alguna línea??

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