Yo también soy un pistolero zurdo.

Mis manos temblaban como si se sintieran incómodas con el resto de mi cuerpo. Le acaba de matar. Y de la peor forma: Un día cualquiera. Todo fue rápido. Ni siquiera el miedo pudo dar a la valentía una segunda oportunidad. Se paró  y se me quedó mirando, extendió su mano y me retó. Me dijo algo así como: “Chaval, jamás des la mano a un pistolero zurdo”. Pero no siempre tener la mejor mano de cartas te asegura ganar la partida. “Billy, espero que hoy tus palabras sean lo suficientemente dulces para poder tragártelas”, - pensé mientras mi sonrisa fija en mi café leía en sus posos cómo instantes después se desangraría. Me quité el sobrero con parsimonia, lo puse sobre la mesa y le extendí mi mano.

 Le he volado las tripas a Billy The Kid. El viento se llevó para siempre  el sombrero con el cual  tapaba sus balazos. Lo cambié por un colador. Está muerto. Sólo prometo que mi amigo el pianista esta noche tocará en su honor. Dicen que  un tipo llamado Pat Garret estuvo persiguiéndole años como un perro su hueso. Pero creo que ese pobre diablo se convirtió en lo que tanto buscó. Yo sólo me metí en su camino. He de reconocer que él desenfundó primero. Me disparó dos tiros en el estómago antes de que mi mano se deslizara dulce por el marfil labrado de mi revolver. Pero apenas sentí dolor. Sólo oí el silencio total de la estela que se decía que acompañaba a cada uno de sus  disparos.

Todo ha acabado y sólo tengo sed. Ya no tendré que cabalgar. Sumar viajes a mi huida.  Mañana cobraré la recompensa. Quiero besar a una mujer esta noche sin ser rico.

-         -  Joe, ponme lo de siempre.

Joe estaba limpiando con parsimonia los vasos metálicos donde servía una bebida a base de licor de fresa y whisky. Parecía no haberme escuchado. Me dirigí a él otra vez:

-         -  Te pagué lo de ayer, vuélvete y ponme lo de siempre malnacido.

Parecía no escucharme esa bola de grasa cuya  mujer se acostaría conmigo esa misma noche.

El salón estaba vacío. Sólo mi amigo el pianista tocaba mi canción preferida. Al final de la barra había abandonada una jarra de cerveza recién tirada. De repente, del baño, salió lentamente entre una madreselva de luces y sombras un hombre pequeño. Con el sombrero calado. La sonrisa tan afilada como el silencio que corta la respiración. Levantó la cerveza tibia y brindando en mi honor se dirigió a mí:

-         -  Sí, chaval soy yo. Soy Billy the Kid. ¡Estás muerto!


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9 Comentarios Misteriosos:

  1. Realmente te invita a leer hasta el final.
    :)

  1. 40añera dijo...:

    Muy bueeenoooo!!!!
    Me gusta como escribes pero creo que ya te lo he dicho
    Buen finde

  1. Anónimo dijo...:

    Vaya!me estoy enganchando realmente a estas pequeñas obras, espero que no sea como un gran amor de verano, que con la llegada del Otoño...ya se sabe, estoy segura que esto va a ser un amor verdadero y no vas a dejar de regalarnos estos ratitos tan agradables.Eli

  1. DIEGO dijo...:

    Jo, Eli, eres la mejor. Muaaaaaaaaaaaaa

  1. 40añera dijo...:

    No encuentro tu mail asi que aqui te lo cuento hoy es el dia internacional del blog, esto consiste en darnos a conocer los unos a los otros creo asi que a me me han recomendado y yo te recomiendo
    un beso

  1. yo misma dijo...:

    y eres capaz de hacer bueno incluso uno de vaqueros..genial

  1. V de Tierra dijo...:

    Muy buen relato. Ya te lo he dicho me gusta esto de los personajes, casi casi como si en lugar de leerte estuviese viendo una escena de la peli!! saludos

  1. DIEGO dijo...:

    Muchas gracias 40añera. De verdad, un placer que me leas!!

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