Métete en tus asuntos Billy Corgan.


Que cuándo empecé a pedir. Eso fue hace tiempo ya. Por la mañana mientras desayunaba mis copos me rotulé un letrero que decía: “Por favor una pequeña ayuda para recuperar una gran vergüenza”. Un sábado me fui a la calle Preciados y doblé mis rodillas como si me hubieran ametrallado las piernas. ¿Y si pasaba algún compañero de la oficina? Todos tenemos nuestros vicios me dije sonriendo frente al espejo del baño.

Pedir resultaba fácil. Por la calle sólo pasaban sin parar Papás Nöeles, prostitutas, Reyes Magos, Santos, Dioses en paro, asistentas con cofia, políticos en campaña electoral y camareros con frac. Para empezar, pedí unos botines rojos como los de Keith Richards y bailar sin miedo, luego, una chica que dijera con sus ojos más de lo que dijeran sus labios, una chica que me besara sin saber el motivo, sentirme abrazado por esa misma chica, sentir calor, hace tanto tiempo que no me abrazan que me sentiría raro si alguien lo hiciera, pedí que me quisieran con ternura, que alguien me disculpara de una puta vez, volver a tomar cervezas en el Black and Blue con dieciocho años, desnudarme sin sentir asco frente al espejo, sin sorprenderme, que no me asustara al verme en un video casero, casarme con PJ Harvey en un cementerio o dentro de una foto en sepia quién sabe, saber dónde van todas esas promesas incumplidas, porque confundo prometer con soñar, olvidar con olvidar a no olvidar, saber por qué miento a veces, tantas veces que me da miedo tener tanto miedo, por qué me duele detrás del pulmón, en ese sitio donde se acumula lo que tanto duele, donde tengo tatuada con forma de hiedra la noche en que rompí con la chica de mis canciones, ya no me sirves me dijo, contigo no se pueden hacer planes a partir de la media noche, me voy, déjame, pedí ser más vulgar, ser como los demás, convencional, llevarme bien con la gente que no me conoce, empezar a escribir una novela para convencer a mi hermano por qué merecía la pena vivir, que le echamos de menos, que volviera del país de noséquehicemalparaquemehiceraséso, pedí dejar de esconderme dentro de las canciones y dejar de pensar en lo que pensaría la gente el día siguiente a mi muerte.

En esto pasó ante mí Billy Corgan, iba con sus pantalones plateados, definitivamente era un tío de ésos que parecen tener una cámara invisible filmándolos continuamente. Me dijo – Se puede morir de mil formas diferentes chaval, pero ésta es la más digna que se me ocurre.



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2 Comentarios Misteriosos:

  1. Mario dijo...:

    Tus relatos enganchan hasta el final. No sé si la conclusión que saco es la acertada pero al menos es gratificante!

  1. DIEGO dijo...:

    Supongo que la conclusión no es lo importante. Tus fotos son un lujazo tío... Hay una en la que estáis Nacho y tú jugando al fútbol que es una pasada...

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