Mis Secretos



Empiezas a tener tu vida cuando empiezas a guardar secretos. Un secreto puede ser una cadena rodeando tu cuello o una pistola en un cajón con olor a perfume caro. La gente como yo guarda secretos en una licuadora llena de vergüenzas, miedos, futuras traiciones y sinsentidos sin reparo a que se mezclen los colores, ingenuamente, como falsas garantías para no sufrir o para sentirnos otros. Porque, ¿quién no ha visto algún secreto en un lavabo de algún tugurio? ¿Quién no ha visto a alguien irreconocible en un lavabo? ¿Quién no ha visto entrar a mear a un desconocido y verle salir convertido en Keith Richards? Los que guardamos secretos somos enterradores de reflejos suicidados. Vivimos vidas que no nos pertenecen. Matamos vidas que se escapan por el desagüe del miedo. ¿Y quién no tiene un secreto? Las palabras que más se han traicionado a lo largo de la historia es “Te quiero”. Todos queremos. “Te quiero” guarda secretos. Todas las palabras que se traicionan guardan secretos. Los secretos no nacen y mueren como las personas decentes (no me estoy refiriendo a Elvis, claro). Los secretos un día reflotan. Aparecen sin avisar y como los buenos chistes siempre sorprenden. En realidad, los secretos guardan la incertidumbre, eso que llamamos azar o vulgarmente suerte. No te engañes amigo, valemos más por lo que no sabemos que por lo que nos permiten saber.

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1 Comentarios Misteriosos:

  1. AKASHA BOWMAN. dijo...:

    Completamente de acuerdo, y que una vida sin un ligero secretismo no vale la pena de ser vivida. Una existencia tan correcta e idílica resulta aburrida, de vez en cuando es agradable encontrar una cabina de teléfono en la que refugiarse para salir vestida de Superman ( o super Lois, en esta caso)
    Saludos

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