Chon

Hace un año ya y aún espero ir una tarde todavía a visitarla. Es lo que pasa cuando a uno se le arranca la vida y no se muere: Deja y le dejan facturas pendientes en el buzón. A Chon le detonaron su vida. No era el momento de irse. Ningún otro hubiera sido su momento. Si alguien necesitaba tiempo era ella. Pero los puntos suspensivos dejaron paso al maldito punto final. Ya no quedaba tiempo para que fuera la abuela que echaba de menos. Incluso el tiempo se cansa de esperar. Los dos deberíamos haber tenido en cuenta que no siempre todo es lo que es sino lo que parece. O lo que es lo mismo: Deberíamos de haber demostrado más que nos queríamos. Ahora da igual. Sólo queda meter sus cosas con cuidado en su baúl:

Se fue la identidad de su pelo gris que ya heredaré. Su mano fina colgando de su Cartier. Sus "Cuéntame de ti que yo me tengo muy escuchada". Su elegancia delicada. La forma de cruzar sus piernas en su sillón rojo. Los reinos que estaba llamada a gobernar. Sus últimos miedos que eran los de siempre. Su necesidad de intentar explicarnos que no estaba bien desde hacía tiempo. Que todo le superaba. Mis dudas e incomprensiones al respecto. ¿Era así o era su enfermedad? Su elixir de su perdida juventud. Los botes de pastillas en la mesilla junto a su rosario. Todo lo que la había cambiando poco a poco. De manera casi imperceptible día a día. Esa tortura de estar siempre nerviosa. Insegura. Frágil. Sin red.

Chon se murió mucho antes de que se muriera. No estoy seguro de cuando fue, pero, ella no era ya ella cuando la visité en la residencia por última vez. Se fue esa vida que todos pensábamos que podría haber tenido. Quizá porque le faltaba Jesús. Y Jesús había sido su vida. Con ella se fue un saco de besos por dar. Se fue su cariño descuidado. Poco dado al exceso pero puntual. Esa forma de querer hueca pero que echo de menos. Deja esas tardes borrosas de verano en la finca. Yo muy pequeño, a su lado, después de comer. Ella cosiendo o leyendo el periódico. Yo ojeando un tebeo viejo del Coyote. ¿Qué pone aquí abuela?

Creo que está todo dentro. En el fondo del baúl echo estas tres fotos perdidas. Las miro por última vez . La última mirada es la que cuenta. Te echo de menos.



Mi abuela de pequeña.


Junto a mi abuelo una tarde de verano. (El que se intuye en el fondo a la izquierda, en las escaleras de la casa, pueda que sea yo)


Chon de jóven, en Plasencia.

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12 Comentarios Misteriosos:

  1. Patri Sick dijo...:

    Un texto precioso, la verdad. Se saborea el amor en cada línea, siempre con un toque amargo, pero aún así... precioso sin duda alguna. Me he acordado del rosario que tiene mi abuela en su mesita de noche. Huele a rosas. Siempre. No sé cómo narices se conserva el olor si lo tiene todo el día allí puesto, fuera de su cajita. Cosa de abuelas, supongo. Me ha venido ese aroma leyendo tu texto y me he emocionado un poco. Se me ha erizado el vello...

    Gracias por pasarte, ¡un saludo!

  1. AKASHA BOWMAN. dijo...:

    Ha sido una entrada entrañable querido Diego ( permítame la familiaridad ) y llena de emociones contenidas. Cada palabra leída me hizo remontarme a otra época ya pasada, a otra personita también muy querida y ahora ausente, nunca olvidada.
    Yo también tuve dudas y derroché profundas incomprensiones que hoy día siguen atormentándome, como buitres que vuelan en círculo alrededor de su presa.
    También yo lo veía sentado en su sillón, con las piernas y las manos cruzadas, mientras se delitaba observando a través de sus ojos acuosos un entorno que lo remontaba a su infancia, donde él era el niño y yo puede que su anciana madre.
    Y nunca estamos preparados...
    se van y resulta que ahora ya es tarde.

    Gracias por compartir con nosotros parte de su alma...

  1. Mónica PG dijo...:

    Preciosa entrada que nos recuerda la importancia de manifestar nuestro cariño a esas personas que tanto queremos y que, desafortunadamente, no podrán caminar siempre a nuestro lado.
    Gracias a los recuerdos, parte de ellos quedará con y en nosotros.

    Un abrazo enorme!

  1. Alba López dijo...:

    Preciosa entrada. Destila cariño por los cuatro costados.
    Muchas gracias por pasarte por mi blog, realmente em alegro de que te gustara. El tuyo me ha encantado, así que te sigo.
    Besos :)

  1. Mario dijo...:

    Qué bonito encontrarme con este relato, precioso. Se me han saltado las lágrimas. Las fotos son preciosas, me encanta aquella donde aparece con nuestro abuelo, del cual guardo un increible recuerdo de respeto. Y miento porque no lo recuerdo, lo mantengo.

    Un año después leo este relato y me averguenzo de mi, xq me siento muy identificado con mi otra abuela.

    Gracias de verdad por este relato.

    Abrazos primo

  1. DIEGO dijo...:

    Alba me encantó tu blog... Escribes muy bien como te dije, me sorprendió mucho... Espero poder seguirte...

  1. DIEGO dijo...:

    Mario tio, pues lo más bonito de esto es que hay una foto en la misma secuencia que la foto dos, en la cual sale tu padre limpiando su R5 con tu madre junto a la abuela. No la he colgado por motivos obvios. Pero la voy a scanear y te la mando cuanto antes.

  1. DIEGO dijo...:

    Patri, es verdad, los rosarios huelen de forma especial, jejeje... Todos tenemos un olor que no olemos y que dejamos en nuestras cosas.

  1. DIEGO dijo...:

    Mónica, es fundamental ser cariñoso de forma puntual... El tiempo no perdona...

  1. DIEGO dijo...:

    Akasha, cuando no sientes la muerte cerca la sueles despreciar y no te crees ni una sola palabra de lo que dice... Sólo cuando echas de menos a las personas que no están, te empiezas a dar cuenta que esto no es un juego.

  1. Me encanta como escribes Diego, te lo digo de verdad.

    Un gusto haberte leído, me pasaré más veces por aquí
    Un saludo muy fuerte
    Te sigo ;)

  1. Mario dijo...:

    Espero esa foto!!!!!

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